Posteado por: bisbiseos | febrero 25, 2010

EL PAJARO SIN NIDO

Todos dicen que más que canto es un lamento triste el del Crespín, pero la verdad que cuando en horas de la siesta cordobesa lo escucho me da calma y sosiego en vez de tristeza, y tengo la sensación de que si canta el crespín el hombre todavía no lo arruinó todo, no invadió todo … no se tal vez cosas

de vieja.

Pero bue les cuento algo que encontré sobre mi querido amigo Crespín.

El Crespín es un ave que pertenece a la familia de los cucúlidos. Se distribuye desde Méjico hasta Argentina (en las provincias de Córdoba, Santiago del estero, Tucumán, Salta, Catamarca, la Rioja, Chaco, Formosa, Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires). En la zona pampeana, nidifica desde octubre hasta Enero. Es migratorio y los primeros ejemplares llegan en octubre y permanecen hasta el mes de marzo.

Es una de las pocas especies parásitas quiere decir que no hacen nido sino que aprovechan los nidos de otras aves , colocando allí solo un huevo. Estos son blancos, opacos, sin brillo y de forma ovoidal, elípticos o cilíndricos de cáscara dura y pequeños para el tamaño del ave.

El crespín es un ave desconfiada, inquieta y errante que se desplaza por montes, arboledas y matorrales. Es difícil de ver y es más fácil detectarla por su canto, que es variado, uno de ellos es la onomatopeya de su nombre vulgar. Por momentos se observan dos o tres ejemplares con unos metros de distancia, y cantan tanto de día como de noche.

Es un ave de plumaje pardo ceniciento; en el pecho, blanco parduzco, lo mismo que en la garganta y el abdomen. Tiene una estría blanca sobre los ojos. Posee un copete eréctil parduzco a castaño

Se caracteriza por tener el pico amarillento fuerte, de tamaño regular y un poco encorvado hacia abajo, sobresaliendo el maxilar superior. Las alas son cortas y la cola larga, abierta.

El pichón del crespín, nace sin plumas y con cavidad bucal, paladar y lengua naranja amarillentos. Es muy agresivo, desde el nacimiento tira picotazos si se lo quiere tocar. Eriza las plumas del cuerpo, también eleva y eriza las plumas de la cabeza, llevándolas hacia atrás. A las pocas horas de nacer picotea a los otros pichones que están en el nido hasta matarlos, entonces los padres adoptivos retiran del nido los pichones muertos, quedando solo el crespín quien acapara toda la comida, teniendo un rápido desarrollo, a los 16-17 días abandona el nido.

Tiene un grito triste, en cuya interpretación se origina su nombre.

En Santiago del Estero se lo llama: Chic-kin, Chid-kin, Chip-kin o Chif-kin; en Corrientes, Chochí; los guaraníes le decían Che-cy.

Es notable cómo engaña con su grito en lo referente al lugar donde se encuentra. Vive escondido en los montes, dejándose ver y oír, preferentemente por las tardes, en la época que coincide con la cosecha, volando muy veloz sobre los trigales maduros.

Estado poblacional actual: Moderado a escaso, extremadamente difícil de ver. Siempre anda solo.

El naturalista argentino Dr. Eduardo Holmberg observó que su canto tristísimo, es diferente cuando hay mal tiempo, y cuando esto sucede, anuncia lluvia con dos horas de anticipación. Díaz Usandivaras señala que no canta, sino que silba.

Situación ecológica actual: Normal y equilibrada. La tala del bosques no lo afecta pues se adapta bien a los matorrales de “rehacha” y fachinales que reemplazan a los bosques talados, con lo que se asegura su futuro ecológico.

Lean este excelente descripción que hace sobre el Crespín el periodista Ricardo Camogli:

Todos los años, hacia fines de octubre, cuando el clima es ya decididamente primaveral y los chañares comienzan a florecer, se escucha desde el fondo de las quebradas, cada vez más cercana, la inconfundible queja del crespín. Todavía son ejemplares solitarios en viaje al sur, siempre al mismo lugar donde año a año renuevan el milagro de la procreación.

En diciembre ya están todos instalados en sus amplios territorios, donde insistentemente llaman a su pareja. Hacia fines de enero ya comienza a ralear su canto y poco a poco, van retornando hacia el norte, en busca de lugares más cálidos para pasar la temporada fría.

Pocas aves tienen una presencia tan marcada en nuestras sierras, con un canto tan persistente que a muchas personas llega a molestar, sobre todo cuando ya de noche, siguen brotando del monte las dos notas, siempre iguales, plañideras, aumentando la tristeza del crepúsculo… si, do; si, do…

Pero también, pocas aves como el crespín son tan desconocidas. Es muy difícil encontrar a alguien que, aunque haya nacido en estas sierras y haya pasado toda su vida aquí, pueda decir que ha visto a un crespín. Sus hábitos huidizos, timidez extrema y asombroso mimetismo, la convierten en una de las especies menos conocidas para todos.

Una vez instalados en su territorio, el monótono llamado es disciplinadamente obedecido por su harén de hembras, las que una vez fecundadas se dedican a buscar el hogar del futuro crespincito… Pero nunca un hogar propio.

En nido ajeno

Primo hermano del pirincho, este cucúlido es la versión vernácula del tradicional cucú europeo, y comparten su parasitismo. Sí, porque el crespín, acérrimo enemigo del trabajo, es una de las pocas especies volátiles que no construyen su nido, ni siquiera utilizan lugares naturales para poner sus huevos, huecos en construcciones humanas, viejos nidos, oquedades de los árboles; nada de eso, simplemente eligen el cómodo nido de otra especie laboriosa y ahí la hembra del crespín deposita su único huevo. El lugar elegido siempre pertenece a una especie de menor tamaño y de hábitos alimentarios insectívoros. ¿Cómo sabe esto el crespín? Todavía no hay respuesta a este interrogante…

Pero sí se sabe cuál es la razón de esa elección. El período de incubación de ese huevo es menor que el de la generalidad de las aves, apenas 13 días. Una secreta sabiduría le permite a la madre del crespín atrasar la postura del huevo para hacerlo exactamente en el nido adecuado y logrando que nazca al unísono con los hijos de los legítimos dueños de casa.

El pichón nace junto a sus “hermanos”; sus padres adoptivos no atinan a destruir el huevo y por el contrario apenas nace el pichón comienzan a alimentarlo. Los hijos verdaderos, de mucho menor tamaño, no hallan lugar suficiente y uno a uno van encontrando un muelle lecho en la emplumada concavidad de la nuca del pichón de crespín, cuyo atávico instinto lo hace correrse hasta el borde del nido… y arrojar a su recién nacido “hermanastro” al vacío y a una muerte segura. Aunque la mayor parte de las veces, perecen víctimas de la voracidad del intruso, mucho mayor y fuerte que ellos… Dieta extra para un pajarito que en poco tiempo deberá abandonar ese nido, aprender a volar solo y encontrar instintivamente el rumbo que lo lleve a los cálidos parajes que ya están disfrutando los crespines adultos, sus padres. Un encanto de responsabilidad paterna y materna…

Poemas para un canto

Los poetas de nuestro folklore lo citan cada vez que sus versos deben expresar tristeza. Jaime Dávalos dice en Tragos de sombra (zamba, música de Eduardo Falú): “Llora en la tarde el lucero / y en el silencio sin fin, / por los profundos sauzales / desangra llorando su canto el crespín”. En la Zamba de un triste, también con música de Eduardo Falú: “Al cantar el crespín / en la tarde ardida cobriza y azul / llorará la zamba, / librando en el aire palomas de sueño / y de luz”. Y otra: “Muero al amanecer, / solo, / tristeza del crespín / silbando bagualas, / al centro del clima me voy.” El crespín se desangra llorando…, la zamba llora al cantar el crespín…, y para morir solo al amanecer nada mejor que acompañarse con la tristeza del crespín. Esta peculiar especie cuya característica es no tener casa propia, se llama científicamente Tapera nævia chochi. Casualidades de la vida…

Leyendas del Crespín :

Santiago del Estero

Cuentan que un día, estando el marido sumamente enfermo, doña Crespina salió en busca de remedio. En el pueblo, luego de comprarlo y mientras volvía al rancho, unos parientes la invitaron a una fiesta. Para evitar hacer un desprecio, ella accedió, pero con la intención de quedarse poco tiempo. Entusiasmada en el alboroto del jolgorio, olvido la noción de las horas. Alguien le avisó que su marido estaba muy grave, y ella pidió que le hicieran llegar el remedio que tenía consigo. Excitada por el barullo y la música continuó danzando. Mientras lo hacia llegó otro mensajero y le dijo que su marido se estaba muriendo y la llamaba a su lado. Pero indiferente a la urgencia del momento, ella continuo divirtiéndose, suponiendo que llegaría a tiempo. Hasta que llego alguien, vestido de luto, para darle el pésame, pues su marido ya había muerto, e invitarla a regresar a su casa: -Hay tiempo para llorar- había dicho doña Crespina, y siguió bailando.  a inapelable sentencia divina la condenó por ello a que eternamente llorara el nombre de su esposo, convirtiéndola en un pájaro nocturno. Por eso, todas las noches, un gemido quejumbroso expía esa culpa llamando a su hombre: ¡Crespín! ¡Crespín!

Nor Oeste Argentino

El triste pájaro nocturno que parece quejarse plañidero constantemente, sin encontrar consuelo para su pena permanente. Cuéntase que hace muchísimos años existía una feliz pareja que habíase unido en matrimonio, materializando la realidad de un sincero amor. El se llamaba Crespín, era de carácter muy alegre, no faltando a ninguna fiesta o reunión, donde reinara la alegría y el baile. Su esposa no le iba en zaga, pero no acompañaba a su marido en estas francachelas, ya que la pareja había hecho una especie de pacto, mediante el cual cada uno asistía a diferentes fiestas. Prácticamente se reencontraban cuando estaba por finalizar la noche y los gallos anunciaban la proximidad de la madrugada. Los vecinos veían con cierta inquietud a este matrimonio que jugaba peligrosamente con la felicidad que Dios les había otorgado, y más de una vez trataron de prevenirlos sobre ello. Pero nada podía con el espíritu alegre y despreocupado que los dominaba y que, al caer las primeras sombras de la noche, les traía la tentación incontenible de partir hacia alguna fiesta de noche, generalmente cada uno en el lugar elegido, solía ser el centro de atracción de la reunió.

Así pasó el tiempo, con las alternativas de las estaciones que pintaban y despintaba el paisaje a través de los meses del año. Ni el frío, ni la lluvia detenía la vorágine de la vida de los dos esposos, que llegaron a convertirse en la preocupación del vecindario que habitaba bajo la sombra centenaria de los árboles del bosque, o en las localidades que se levantaban a la vera de los polvorientos caminos de herradura. Cuentan que al final de una noche, la esposa, con no oculta inquietud llegó a la casa en busca de su compañero a quien no encontró. Esperóle largo rato escuchando los grillos, y los miles de ruidos que pueblan el bosque en las largas horas en que riela la luna sobre la alta copa de los árboles. Comenzó a teñirse de rosa el paisaje y Crespín, el esposo, no hacía su aparición.

Su acongojada mujer subió a lo alto de un árbol para otear a lo lejos, al tiempo con voz angustiada lo llamaba gritando ¡Crespín!, ¡Crespín!, contestándole sólo el rumor del aire que mecía el ramaje de los árboles. Desesperada corrió por las sendas sin dejar de llamar a su compañero, mientras el silencio se mantenía como una respuesta constante. Su voz fue perdiendo fuerza entrecortada por el llanto, al presumir que había ocurrido lo peor. Crespín, según dice la leyenda, había muerto en una reyerta y su cuerpo no fue encontrado jamás. Su esposa, transida de dolor, por esos conjuros misteriosos que se producen en la noche en la espesura del monte, se transformó en un ave, que posándose en lo alto de los árboles paga su culpa llamando, plañidera y doliente, al esposo que se perdió para siempre en las tinieblas del pasado. Fuente:

Córdoba. (De boca en boca- Córdoba- Graciela Bialet)

Había una vez dos hermanitos que vivían en las sierras, un varón llamado Crespín y su hermana llamada, Elena. Vivian con su padre, quien salió al monte a buscar leña y nunca volvió, por eso Crespín salió a buscarlo y como tampoco regresaba, Elena desesperada se internó al monte llamando a su hermanito Crespín…Crespín. Esta niñita pasa muchas peripecias y al fin se convierte en pájaro.

Bibliografía:

“Crónica del Noa” -18/03/1982

http://www.redargentina.com

www.letravivadigital.com.ar.- Ricardo Camogli  (Periodista. Presidente de la Junta de Historia de Los Cocos, Punilla, Córdoba).

bibliotecavirtual.unl.edu.ar:8180/…/fave_vet_v5_n1_2_p21_24.pdf


Responses

  1. osea nesesito saber que anunciaa entendess!!!???

  2. El crespin tiene , como vos citas esa melancolia y tristeza dificil de encontrar en otra ave, asi es la tristeza que deja tu partida, para mi estas volando junto al que merodea tu casa , y sabes amigo Ana lo sabe ,gracias por enseñarme el valor de la lectura y la esencia de nuestros antepasados al cual descubri mi origen comechingon si pocos conocen al crespin, tambien pocos son los que saben de la historia de Los Cocos que vos escribiste sin ser un COQUENSE ,por todo eso mil gracias,

    • Gracias Guille por tus palabras. Recién las encuentro en este maravilloso medio que nos permite decirnos cosas que tal vez no diríamos personalmente.
      Gracias de nuevo por acompañarme en esta infinita tristeza que deja su partida. Aunque él siempre estará en todos nosotros, los que tuvimos la suerte de conocerlo y compartir con él inolvidables momentos. Gracias de nuevo. Un abrazo fuerte. Ana

  3. que aburrido

    • mica querida si te aburre ¿para què lo leessssssssssssssssssssssssssss? lee algo que te guste

  4. hola!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!grax por los datos me sirvieron para el cole!!!!!!!!!!

  5. En este momento hay un crespin en el patio de la casa de mi vecino, deshabitada, es de noche y el silvido del crespin me hace emocionar, tengo 43 años, mas de 25 viviendo en las sierras de cordoba y solo lo vi una vez desde lejos…me emociona tenerlo tan cerca y no poderlo ver, como si hablaramos de un fantasma…espero con los primeros rayos del amanecer todavia se encusntre alli, estare esperando…gracias por tu aporte, hoy aprendi algo mas sobre esta ave que me fascina y que llegando al 21 de octubre, dia de mi cumpleaños, espero con ansias..saludos. Ariel

    • Feliz cumple Ariel, cuando yo vivía en las sierras de Córdoba, el crespín cantaba a la hora de la siesta, típico que no lo encontrabas, un saludo

  6. Yo en traslasierras, Yacanto, lo escucho por las mañanas y al atardecer, lo llamo imitando su sonido y se acerca de a poco pero no se deja ver, a mi en particular me encanta el sonido que produce.

    • Yacanto es una maravilla de hermoso


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